abril 20, 2024

Tras cercarlo durante cinco días, el ejército israelí ha entrado la madrugada de este miércoles con tanques y soldados en el mayor hospital de Gaza, Al Shifa, que alberga a más de 2.000 personas, entre pacientes, personal médico y, sobre todo, civiles que buscan cobijo de los bombardeos. Los blindados permanecen apostados frente a algunos edificios, mientras decenas de militares efectúan interrogatorios y registran salas y sótanos de una parte del hospital. Los soldados, algunos de ellos encapuchados y lanzando disparos al aire, buscan milicianos en las estancias, cachean a mujeres y niños y obligan al resto a pasar por un sistema de reconocimiento facial, informa la Agencia France Presse. También han pedido a todos los varones de más de 16 años que salgan al patio con las manos al aire para rendirse. El portavoz militar, Daniel Hagari, ha apuntado a última hora de la jornada que la redada avanzará “al ritmo adecuado” y durará “el tiempo que haga falta”.

Cientos de jóvenes han salido de distintos edificios del hospital (que tiene varias alas), siguiendo el llamamiento, trasladado en lengua árabe a través de altavoces. Las tropas israelíes tomaron primero los departamentos de urgencias y cirugía, y han abierto boquetes en muros, llenando estancias de polvo, según se puede ver en las imágenes de televisión difundidas desde el interior.

El director general de hospitales de Gaza, Mohamed Zaqout, asegura que se escuchan gritos de miedo de los pacientes. “Uno de los tanques grandes entró en el hospital desde la puerta principal del este y estaban aparcados frente al departamento de emergencias del hospital”, indicó un cirujano del centro, Ahmed El Mokhallalati, a la agencia Reuters. “Usaron todo tipo de armas en torno al hospital. Dispararon directamente contra el hospital. Tratamos de no estar cerca de las ventanas”, abundó. No se han registrado batallas dentro del hospital, según coinciden los responsables del centro y el alto mando militar israelí.

Las Fuerzas Armadas israelíes hablan de una “operación precisa y localizada”, limitada a “una zona específica” del centro médico, basándose en “información de inteligencia” y “necesidades operativas”. Un alto mando militar no ha querido especificar en qué parte del recinto están operando e interrogando a palestinos, con el argumento de que puede poner en peligro a sus tropas y a los civiles allí presentes.

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El portavoz del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, John Kirby, aclaró desde San Francisco que su país no dio “luz verde a las operaciones militares en torno al hospital”. Matizaba así sus declaraciones, horas antes de la redada, en las que señalaba que sus servicios de inteligencia poseen información propia de que el centro de mando de Hamás está bajo Al Shifa, pero pedía actuar sin bombardeos aéreos ni causar incendios. Es cómo se ha ido desarrollando la incursión lo que ha llevado al grupo armado islamista a responsabilizar “completamente” del “crimen” tanto a Israel como al presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

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El coordinador de ayuda de emergencia de Naciones Unidas, Martin Griffiths, ha señalado en la red social X, antes Twitter: “Los hospitales no son campos de batalla”. Griffiths ha recordado que “la protección de los recién nacidos, pacientes, personal médico y civiles debe primar sobre el resto de las preocupaciones”.

En la misma línea se ha pronunciado en Ginebra el director general de la Organización Mundial para la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, al calificar la incursión de “totalmente inaceptable”. “Según el derecho internacional humanitario, las instalaciones sanitarias, los trabajadores sanitarios, las ambulancias y los pacientes deben ser defendidos y protegidos de todos los actos de guerra”, ha dicho el recordar que los “principios de distinción, precaución y proporcionalidad” siguen aplicándose “incluso si las instalaciones sanitarias se utilizan con fines militares”.

Israel sitúa bajo el centro médico el epicentro de la red de túneles que utilizan los milicianos palestinos. Peter Lerner, un portavoz de su ejército, ha justificado la operación tanto en la búsqueda del centro de mando de Hamás como en que “a lo mejor” permite el rescate de parte de los alrededor de 240 rehenes capturados en el ataque del 7 de octubre. Los tienen en sus manos Hamás (principalmente), la Yihad Islámica y otros grupúsculos armados o personas sin afiliación clara.

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De momento, el ejército ha asegurado haber hallado en un edificio del recinto armas y material tecnológico, que prueban de forma “inequívoca” que era usado “para el terrorismo”. Ha difundido un vídeo editado en el que se exhiben en el suelo una decena de rifles y cargadores y, sobre una mesa, un ordenador y varios CD.

“A cualquier lugar”

Los dirigentes políticos y militares israelíes llevan semanas poniendo el foco en que el hospital esconde bajo tierra el cuartel general de Hamás. Durante la jornada, sin embargo, el discurso ha ido virando a destacar el atrevimiento de la incursión. “Nadie pensó que llegaríamos allí. Llegaremos a cualquier lugar donde haya terroristas de Hamás”, señaló Hagari, el portavoz militar. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, indicó en Tel Aviv al responsable de Oriente Próximo en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Brett McGurk, que la “liberación del hospital Al Shifa del control de la organización terrorista Hamás indica la capacidad y la determinación de Israel de ir adónde sea para derrotar por completo” al grupo, según un comunicado de su oficina.

La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, en sus siglas en inglés) calcula que en Al Shifa quedan al menos 600 pacientes, entre 200 y 500 trabajadores y 1.500 desplazados. Los responsables del hospital aseguraron el martes haberse visto obligados a excavar una fosa común para dar sepultura al menos a 120 cadáveres. El ejército israelí asegura haber introducido suministros médicos, alimentos prenatales e incubadoras. No faltaban en el centro, sino la electricidad para alimentarlas.

Sin apenas comida, agua ni electricidad, Al Shifa llevaba ya días sin funcionar como tal, rodeado por las tropas que ingresaron la pasada semana en la capital de la Franja y poco después se apostaron ante el hospital. No hay electricidad allí desde hace días. Depende de generadores que se alimentan de combustible, cuyo suministro impide Israel desde el 7 de octubre, cuando inició su ofensiva a raíz del ataque lanzado por Hamás que mató a 1.200 israelíes, principalmente civiles.

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El ejército señala además que, en la calle, de camino al hospital, mató en tiroteos a cinco milicianos, sin que sus tropas resultasen heridas. El martes, difundió una simbólica foto ondeando la bandera israelí dentro del Parlamento de Gaza y tomó el campo de refugiados de Shati, con unos 50.000 habitantes y también en la capital.

Por las dificultades para acceder a los cadáveres, el Ministerio de Sanidad del Gobierno de Hamás ha dejado de actualizar la cifra de muertos palestinos. Superan los 11.000, más de la mitad menores y mujeres. Son más que todos los registrados en lo que iba de siglo hasta el 6 de octubre, incluida la Segunda Intifada y las sucesivas ofensivas en Gaza desde 2008, de menor alcance.

La redada ha profundizado el cisma entre Israel y Turquía, antiguos aliados que se distanciaron tras el asalto a la Flotilla de la Libertad en 2010 y venían rehaciendo sus lazos con velocidad en los últimos meses. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que viene criticando con dureza los bombardeos en Gaza, ha llamado este miércoles a Israel “Estado terrorista”, que está efectuando “los ataques más traicioneros en la historia de la humanidad” con apoyo “ilimitado” de Occidente; y a los miembros de Hamás, “luchadores de la resistencia” que “protegen su tierra, honor y vidas frente a las políticas de la ocupación”. Netanyahu ha respondido a última hora del día: “Erdogan llama a Israel Estado terrorista, pero apoya al Estado terrorista de Hamás y ha bombardeado pueblos turcos dentro de Turquía. Así que no vamos a recibir lecciones de nadie”.

Captura de un vídeo del ejército israelí que muestra a soldados israelíes dentro del hospital de Al Shifa.EFE (Ejército de Israel)

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